Arévalo irrumpe en el proceso electoral del CANG desde cadena nacional
A horas de la elección del CANG, Arévalo recurrió a la cadena nacional para “llamar a la vigilancia”, un mensaje cívico que, por su timing, se percibe como presión directa sobre un proceso electoral clave.
Redacción
La noche del 4 de enero, a pocas horas de que iniciara la elección de autoridades del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala (CANG), el presidente Bernardo Arévalo decidió hablarle al país en cadena nacional. El mensaje, presentado como un llamado cívico, terminó insertándose de lleno en un proceso electoral de segundo grado que debería desarrollarse sin la sombra del poder Ejecutivo.
Bajo el discurso de la “vigilancia ciudadana” y la “defensa de la democracia”, Arévalo lanzó advertencias sobre supuestos grupos que buscan capturar las instituciones y exhortó a influir en la selección de quienes integrarán las comisiones que definirán el futuro del sistema electoral. El problema no es el contenido abstracto del mensaje, sino el momento y el medio: un presidente utilizando la máxima plataforma del Estado un día antes de una elección clave.
La intervención no es un hecho aislado. Se inscribe en una línea ya conocida del actual oficialismo, donde la comunicación política se convierte en herramienta de presión y señalización. Antes lo hizo Santiago Palomo, desde la Secretaría de Comunicación, marcando públicamente actores “correctos” e “incorrectos” dentro de procesos que, por definición, deberían ser técnicos e independientes. Hoy, el propio presidente asume ese rol.
El Ejecutivo insiste en presentarse como árbitro moral del sistema, pero al hacerlo rompe la neutralidad que exige el respeto a los procesos electorales, incluso aquellos que no pasan por las urnas tradicionales. El mensaje no fue inocente: llegó cuando los abogados se preparaban para votar y cuando las comisiones postuladoras empiezan a tomar forma, en una ruta que desemboca en la designación de autoridades que controlarán futuras elecciones.
Más que fortalecer la democracia, este tipo de intervenciones alimentan la sospecha de un Ejecutivo decidido a incidir, directa o indirectamente, en la arquitectura electoral del país. El uso de la cadena nacional, lejos de promover transparencia, refuerza la percepción de que el poder político busca condicionar procesos que deberían estar blindados frente a cualquier presión gubernamental.
En democracia, la participación ciudadana no se decreta desde el Palacio Nacional ni se impulsa a través de advertencias veladas. Cuando el presidente entra al terreno electoral con el peso del Estado detrás, la línea entre el civismo y la injerencia política deja de ser difusa y se vuelve evidente.









