Inflación contenida en cifras, pero más alta en el bolsillo
Guatemala cerró 2025 con una inflación oficial de 1.65 %, una de las más bajas de los últimos años. No obstante, el alto costo de la canasta básica alimentaria desmiente esa aparente estabilidad. Además, las proyecciones oficiales anticipan para 2026 un repunte inflacionario de hasta 3.75 %.
Redacción
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el costo mensual de la canasta básica alimentaria urbana se mantiene cercano a los Q900–Q1,000, mientras que la canasta ampliada urbana supera los Q11,000 mensuales. Estas cifras implican que una familia necesita varios salarios mínimos solo para cubrir gastos esenciales, lo que diluye cualquier efecto positivo de una inflación baja en términos estadísticos.
Las proyecciones para 2026 confirman que el alivio fue temporal. Las autoridades estiman que la inflación podría repuntar hasta 3.75 %, a medida que se revierten los factores que durante 2025 contuvieron los precios.
Aunque algunos alimentos registraron reducciones puntuales como tomate, cebolla, pollo o huevos. Sin embargo, el nivel general de precios de la canasta básica sigue siendo elevado. Esto es clave, ya que los alimentos concentran la mayor parte del gasto de los hogares de ingresos bajos y medios, donde cualquier variación tiene un impacto inmediato y directo.
En este contexto, una inflación baja no necesariamente se traduce en menor costo de vida. El indicador general promedia bienes y servicios que no pesan igual en el consumo cotidiano, mientras que la canasta básica refleja con mayor precisión la presión económica diaria.
El Banco de Guatemala reconoció que en 2025 existieron factores que presionaron los precios a la baja, como combustibles y ciertos alimentos, pero advirtió que estos efectos “se estarían revirtiendo gradualmente”, lo que explica el ajuste al alza en las previsiones inflacionarias.
Además, el impacto no es uniforme. En áreas rurales, aunque la canasta básica puede ser ligeramente más barata, los ingresos también son más bajos, lo que amplifica la sensación de encarecimiento y pérdida de poder adquisitivo.
Así, mientras la inflación se mantiene dentro del rango meta, el costo de la canasta básica confirma una realidad menos optimista: la estabilidad macroeconómica no siempre se refleja en la economía del hogar, donde la inflación se mide, sobre todo, en el precio de los alimentos.









