Por una población individualista, no envidiosa
Mario Eduardo Arévalo Contreras
Todo aquél que sea humano, por naturaleza, ha sido egoísta, individualista. Esto al priorizar primero su alimento que el del vecino; al estudiar para asegurarse un techo, una cama, un sofá y de vez en cuando algún viaje de distracción. Entonces se es egoísta. Forma de ser tan castigada por la sociedad en general. La misma forma de ser del guatemalteco lo demuestra. Por lo general, es difícil que se diga directamente “no”, a alguna petición. Primero se busca una excusa, luego se explica y hasta de último se expresa el tan penado “no”. Sin embargo, se necesita de más “no” y aún más “envidiosos”.
Los envidiosos buscan y usan determinados medios para alcanzar sus fines. A veces morales, y otras no tanto, pero en la realidad, cruda, lo que se busca es la satisfacción del placer egoísta con el menor esfuerzo posible. Y esto, aunque no pareciese, es lo que hace que la sociedad se mueva. Piénsese así: digamos que Manolo es un empresario, “egoísta”, que genera mucho capital, lo acumula y lo gasta en gran medida.
Manolo tiene una grata inclinación a viajar a las playas para Semana Santa, luego al lago de Atitlán y así por todo el país. En sus estadías en los diferentes lugares. Manolo degusta de los platillos más caros y elaborados de toda la zona. Además, carga combustible para su auto y compra múltiples pinturas y artesanías para su casa; todo para él solo. ¿Es entonces Manolo malo? Manolo solo buscó satisfacer sus necesidades, viajar, comer, adornar y demás utilizando a otras personas como medio. Sin embargo, el chef que cocinó su elaborado platillo, el camarero que le sirvió el platillo, el fregadero que lavó los trastes y así sucesivamente, se vieron beneficiados de la prosperidad de Manolo, quien pagó una gran suma de dinero por su cena.
Estas personas, a su vez, no hicieron todo esto porque Manolo fuese su gran amigo, sino porque van a recibir un pago, que viene siendo un medio, para que, posteriormente, puedan cumplir con sus fines, salir a comer con sus familias, ropa nueva, un televisor y demás. Y así, el ciclo se repite. Es decir, cada uno, por medio de la satisfacción de la necesidad “egoísta”, sirve, aunque no lo quiera, como un medio para los fines de otra persona (Hazlitt 2012, 91-134).
Ahora bien, basándome en conclusiones propias a raíz de la lectura de El proceso económico, de Manuel F. Ayau Cordón (2018), supongamos que hay dos personas, Meme y Poncho. Ambos trabajan en la misma empresa, aunque Meme está más abajo en la escala empresarial que Poncho, por lo tanto, hay una gran brecha en los ingresos que perciben.
Meme intenta igualarse a los gastos, estilo de vida y lugares en los que Poncho gasta, pues considera que Poncho es un “creído” y se genera la chispa de la envidia en Meme. Esto hace que empiece a gastar en cosas que son superfluas para él en ese momento; viajes extravagantes, ropa cara, tecnología… Esto lleva a que Meme entre en un déficit económico y deba de sacar préstamos, extra-financiamientos, unificación de deudas y demás. Esto deriva en el fracaso económico de Meme.
¿Fue culpa de Poncho? No, fue culpa, en gran medida, del anhelo de Meme por igualarse con su compañero. Por lo tanto, un riesgo de no centrarse en la propio, en lo que se tiene, es que se voltea a ver a los demás sin darse cuenta de lo que se tiene (y de lo que se tiene carencia). Hay que ser egoísta con lo que se tiene y sacarle el máximo provecho.
¿Sería justo quitarle a Poncho para pagarle las deudas a Meme? No, no lo sería, pues lo que Poncho generó lo hizo por mérito, habilidades y el largo tiempo que llevaba en la compañía; es su propiedad, y como propiedad, es privada de la mano de cualquier otro que no sea el que las produjo. De lo contrario, ¿qué caso habría tenido que Poncho hubiese sido fiel a la compañía por veinte años, que haya ahorrado, invertido su capital y se siguiese educando?
No tendría sentido, es más, ¿con qué ánimos seguiría trabajando Poncho si solo trabaja para los demás y no percibe los frutos para sí mismo?
Por lo tanto, la propiedad privada es esencial, es un motor que, aunque se considere egoísta, es crucial para hacer que la maquinaria social se mueva día con día; es el motivo de que las personas salgan con lluvia, sol o tormenta. Porque cada uno tiene intereses, todos quieren cumplirlos y solo pueden ser cumplidos en la medida en que se respete su libertad (de elegir qué hacer o no con lo que tienen), propiedad privada (sus medios de producción y de lo que de ellos derive) y su seguridad de que nadie les quitará lo que es suyo por derecho constitucional y, sobre todo, el derecho que le otorgó el sudor de su frente.
Referencias
Hazlitt, Henry. 2012. Los fundamentos de la moral. Guatemala: Universidad Francisco
Marroquín.
Ayau Cordón, Manuel F. 2018. El proceso económico. Guatemala: Universidad Francisco
Marroquín.