Tres discrepancias entre Arévalo y Herrera que reflejan una fractura en el Ejecutivo
Más allá de la controversia reciente por el salario de la vicepresidente Karin Herrera, existen al menos tres diferencias clave entre ella y el presidente Bernardo Arévalo que evidencian un distanciamiento creciente dentro del Ejecutivo.
Redacción
Las discrepancias entre Arévalo y Herrera van más allá de una simple diferencia administrativa. El distanciamiento se manifiesta en la falta de comunicación en temas clave, la ausencia de respaldo político para la vicepresidente y en diferencias estratégicas en la forma de gobernar. Aunque el quiebre no es total, la relación entre ambos parece encaminada a una fractura más profunda.
1. El salario, la austeridad y el rol del ministro Menkos
La controversia inició cuando el presidente ordenó la reducción de los gastos de representación de la vicepresidente, justificándolo como un compromiso de austeridad. Sin embargo, Herrera respondió con un comunicado en el que parece defenderse y en el que buscaba señalar la mala intención del ministro de Finanzas.


Herrera argumenta que existen dictámenes jurídicos que vuelven inviable la reducción del salario desde el punto de vista constitucional. Para ella, el salario es un derecho adquirido e irrenunciable, lo que convirtió la discusión en un tema de legalidad y no solo de imagen política.
Mientras el presidente emitió un comunicado en el que parece un regaño cargado de indignación, la vicepresidente denunció la unilateralidad de la decisión y defendió que el salario es un derecho adquirido. La confrontación se intensificó con comunicados oficiales y declaraciones en redes sociales, mostrando una falta de coordinación y confianza mutua.
En medio de esta confrontación, el ministro de Finanzas, Jonathan Menkos, emergió como un actor clave. Su cercanía con Arévalo ha sido evidente, tanto en esta disputa como en el diseño del presupuesto 2025, donde ha jugado un papel central. Menkos no solo ha respaldado la línea de austeridad del presidente, sino que también se ha consolidado como uno de sus alfiles dentro del gabinete, relegando aún más la posición política de Herrera.
Paradójicamente, Menkos figura entre los funcionarios mejor remunerados del gobierno, lo que ha generado críticas sobre la coherencia del discurso de austeridad promovido por el Ejecutivo. Su influencia y visibilidad contrastan con el aislamiento político de la vicepresidenta, quien se ha visto debilitada incluso dentro del mismo gabinete.


2. Redes de poder paralelas
A pesar de su limitada incidencia dentro del Ejecutivo, Herrera ha construido su propia red de apoyo. Aunque carece de aliados en el Congreso y no cuenta con el respaldo de figuras clave del gabinete, ha sabido rodearse de aliados estratégicos.
Uno de ellos es el exembajador de Guatemala en México, Edgar Gutiérrez, con quien mantiene una relación cercana. Además, su vínculo con Todd Robinson, exembajador de Estados Unidos en Guatemala, refuerza su peso político a nivel internacional.
3. La visita de Residente: una muestra de descoordinación
La visita del artista puertorriqueño Residente fue otro episodio que expuso las fisuras entre Arévalo y Herrera. El presidente lo recibió con entusiasmo en su despacho y las imágenes fueron publicadas en el diario oficial, mientras que la vicepresidenta no fue invitada ni incluida en el evento.
Herrera reaccionó por su cuenta en redes sociales, expresando admiración por el artista, pero el gesto fue interpretado como una señal de su exclusión de los espacios de visibilidad política del gobierno.
El distanciamiento entre Arévalo y Herrera van más allá de una simple diferencia administrativa. Tanto la falta de comunicación en temas clave, como la ausencia de respaldo político para la funcionaria son una muestra clara de la fractura en el Ejecutivo.