Los 48 Cantones y su tibia respuesta al aumento salarial de los diputados
Los 48 Cantones de Totonicapán, conocidos por su capacidad de movilización para expresar su descontento, parecen haber perdido impulso —o tal vez financiamiento— en su más reciente reacción contra el aumento salarial de los diputados. Calificando la decisión legislativa como una «aberración» y un acto de enriquecimiento, la organización optó por entregar un documento al Congreso, lejos de sus históricas manifestaciones masivas.
Redacción
Aquella fuerza que paralizó carreteras y puso a los guatemaltecos en jaque hace poco más de un año, ahora actúa con mesura y prudencia, lo que deja una pregunta en el aire: ¿Eran genuinas sus acciones de protesta o respondían a intereses específicos detrás de los nefastos bloqueos?
Frente a un aumento salarial desproporcionado para los diputados y un presupuesto general que amenaza la estabilidad económica del país, su respuesta actual ha sido un simple documento sin impacto real. ¿Por qué no movilizan ahora la misma fuerza? ¿Será que los intereses que los impulsaron el año pasado ya no están alineados con las circunstancias actuales?
Un llamado a los diputados
En su pronunciamiento, los 48 Cantones recordaron que el aumento salarial representa un 700% del salario mínimo, una cifra que consideran una burla en un país donde la pobreza es la norma. También acusaron a los diputados de priorizar intereses personales tras prometer, en campaña, servir al pueblo.

A pesar de su enérgico discurso, las acciones se limitaron a una carta con tres planteamientos principales:
- Exigir la derogación del acuerdo por parte de la Junta Directiva del Congreso.
- Advertir sobre la vigilancia de las acciones de los parlamentarios.
- Anunciar posibles acciones legales y comunitarias si no se cumple su solicitud.
¿Un cambio de estrategia o falta de fondos?
Lo que llama la atención es la ausencia de las movilizaciones y bloqueos que anteriormente daban peso a las demandas de los 48 Cantones. En otras épocas, su indignación se tradujo en cierres de carreteras y presión política directa. ¿Qué ha cambiado? Algunos especulan que podría tratarse de una cuestión económica: sin los recursos necesarios para organizar protestas, la indignación parece haberse quedado en el papel.
Mientras los diputados del Congreso se preparan para disfrutar su discutido aumento salarial, los 48 Cantones parecen haberse conformado con una débil advertencia. Este episodio deja entrever un posible debilitamiento de la organización, ya sea por falta de recursos, liderazgo o apoyo social, lo que plantea la pregunta: ¿la indignación también depende del presupuesto?
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