La geopolítica de Dios y las profecías marianas
Un llamado espiritual en tiempos de crisis global
Por Wendy Sandoval
El mundo atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente. Crisis económicas persistentes, conflictos armados, polarización política, debilitamiento de la familia y un profundo vacío espiritual caracterizan la realidad global. Ante este escenario, muchos se preguntan si la historia se dirige hacia el colapso. Desde la fe cristiana y católica, la respuesta es distinta: la humanidad no está perdida, está siendo llamada a volver a lo esencial.
A lo largo de la historia, las profecías marianas han aparecido siempre en tiempos de crisis. No como anuncios de destrucción, sino como advertencias maternales y llamados urgentes a la conversión. Fátima, Guadalupe y Aparecida revelan un mismo mensaje: cuando el hombre se aleja de Dios, la sociedad se desordena; cuando vuelve, comienza la restauración.
En Fátima, la Virgen habló de errores ideológicos que se expandirían por el mundo, de guerras y sufrimientos como consecuencia del pecado, pero también dejó una promesa clara: al final, su Inmaculado Corazón triunfaría. Hoy, cuando ideologías extremas pretenden sustituir la fe, la familia y la dignidad humana, la crisis confirma la advertencia y, al mismo tiempo, abre la puerta al retorno espiritual.
Guadalupe marcó a América como continente mariano. Su mensaje fue de cercanía, protección y esperanza para los pueblos sencillos. En medio de la violencia, la corrupción y la desigualdad que hoy afectan al continente, Guadalupe recuerda que América no está abandonada. Su identidad cristiana sigue siendo una reserva espiritual para el mundo.
Aparecida, surgida del agua y confiada a pescadores humildes, señala que la renovación no vendrá desde las élites, sino desde el pueblo que conserva la fe viva. América Latina, a pesar de sus heridas, mantiene una religiosidad popular profunda que hoy vuelve a cobrar relevancia frente al fracaso de modelos políticos y económicos sin alma.
Este proceso ha sido llamado por algunos analistas la “Geopolítica de Dios”. No se trata de imponer una religión, sino de reconocer que las naciones están redescubriendo que sin valores trascendentes no hay cohesión social, ni justicia económica, ni futuro estable. La fe vuelve al espacio público porque el dinero, el poder y la ideología no lograron dar sentido ni paz.
Las profecías marianas no anuncian el fin del mundo, sino el fin de una forma equivocada de vivir. Son un llamado a la conversión personal y colectiva, a la defensa de la familia, a una economía al servicio del ser humano y a una política con conciencia moral.
América, bajo el manto de María, no está condenada. Está siendo despertada.








