Como una nave sin piloto, no hay gobierno
Coronel Cecilio Peláez
Nuestra nación, como una nave a la deriva, se mueve y sobrevive por la inercia. Son los ciudadanos clase media y clase media baja quienes con su sacrificio y creatividad van dando forma a un método de vida que ya no busca vivir, es suficiente con salvarse de la muerte. Dicho estrato social está llamado de urgencia a expresar su rechazo a la iniquidad del gobierno.
Los gobernantes y funcionarios alcanzan el poder por medio del engaño y la mentira, confundidos, ambos términos, en discursos opacos cuya única salida posible es corromper líderes locales para rematar la traición.
La consecuencia es después, conforme flota en aguas sucias, la promesa no cumplida que frustra las esperanzas, largamente traicionadas, del pueblo.
Como programadas para esta época, en cuyos grados Celsius tradicionalmente, los gobernantes evalúan la desintegración de la sociedad, cuya mayoría apacible observa a quienes, bajo los ardientes rayos del Sol, luchan por sus derechos, mientras otro inmenso grupo padece, bajo los mismos ardientes rayos del sol la displicente actitud del gobierno.
¿Desde cuando tenía conocimiento, el gobierno, de la inconformidad de los salubristas? ¿Por qué espero que este gremio saliera a violar el derecho de otros, amparado en el genuino derecho a exigir la clausura del sistema contractual para pasar a sus colegas al renglón de personal permanente?
¿Por qué no resolvió a tiempo lo que seguramente va a resolver en los próximos días?
Pero tras esto yace una perversa manipulación política del izquierdista gobernante, que espera agravar una crisis para salir más adelante como el misericordioso que todo lo puede, todo lo resuelve.
¿Quién, entonces, va a resolver las millonarias pérdidas en la economía nacional?
¿Quién va responder por las consecuencias que sufrieron las personas que tenían que llegar a un tribunal?
O aquellas que aguantaron hambre y sed, que soportaron dolores intensos porque no pudieron llegar a una cita médica, que perdieron un negocio por no poder asistir, que esperaron horas bajo el intenso sol, portando un cuerpo insepulto, o aquellos que por el bloqueo de rutas no llegaron a despedir a tiempo a un ser amado que fallece en la soledad.
Son muchas las consecuencias de la irresponsabilidad de un gobernante que juega con la paciencia del pueblo, dejando que situaciones previsibles se conviertan en “crisis provocadas” para aparentar la salvación de la humanidad y es peor, pasarse por el arco del triunfo las resoluciones de la Corte de Constitucionalidad que, a este paso, se está convirtiendo en el hazme reír de los politiqueros al no cumplir con el mandato de mantener libres y expeditas las vías de comunicación.