Arévalo presenta resultados paupérrimos como “logros”
Con un discurso cargado de autocomplacencia, Bernardo Arévalo presentó este 14 de enero su informe anual de gobierno, en el que expuso como grandes avances una serie de resultados que, en términos reales, reflejan un desempeño limitado y claramente insuficiente para un país con profundas brechas sociales.
Redacción
Mientras el oficialismo celebraba cada frase con aplausos disciplinados, la mayoría de diputados optó por el silencio, un gesto más elocuente que cualquier consigna y reflejo de la ruptura política que enfrenta el Ejecutivo en el Congreso.
La fuga de reos
En materia de seguridad, el discurso evitó detenerse en uno de los episodios más bochornosos de la administración: la fuga de 20 reos de alta peligrosidad del centro de detención de Fraijanes II.
El hecho no solo dejó en evidencia el estado real del Sistema Penitenciario, sino que también se llevó por delante al entonces ministro de Gobernación, Francisco Jiménez, cuya salida fue presentada como ajuste administrativo, aunque ocurrió después de un fracaso operativo imposible de sostener.
Renuncias y desgaste en el CIV
La lista de salidas no terminó ahí. En el Ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda, Miguel Ángel Díaz Bobadilla dejó el cargo tras una gestión marcada por promesas, anuncios y carreteras que siguieron igual o peor.
Mientras el presidente habló de caminos terciarios y avances rurales, las principales rutas del país continuaron registrando hundimientos, baches y tramos colapsados, recordándole a los usuarios que la infraestructura nacional no se arregla con discursos ni presentaciones.
Cifras mínimas elevadas a logros históricos
El contraste entre narrativa y realidad se repitió en el apartado social. El Ejecutivo destacó como logros la entrega de menos de 200 becas universitarias y menos de 500 viviendas, cifras que fueron presentadas como avances históricos, aunque en un país con rezagos estructurales estas cantidades resultan más simbólicas que transformadoras.
A ello se suman denuncias sobre sueldos elevados y gastos difíciles de justificar para figuras cercanas al gobierno. Así como la consolidación de una red de comunicadores en casi todas las dependencias del Estado, dedicada a producir y amplificar mensajes favorables al Ejecutivo. Un aparato publicitario aceitado que contrasta con la lentitud para resolver problemas básicos como seguridad, empleo o infraestructura.
Señalamientos internacionales incómodos
En el plano internacional, el gobierno reiteró su compromiso contra el narcotráfico, que parecen desconocer las declaraciones de la fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, colocaron a Guatemala en el mapa de las rutas asociadas a redes criminales vinculadas al Cártel de los Soles y al régimen de Nicolás Maduro.
El escenario político tampoco ayuda. Un Congreso fragmentado, mayorías inestables y un Ejecutivo que depende de aplausos propios más que de consensos reales configuran un panorama donde el discurso oficial circula cómodo, pero los resultados siguen sin aparecer.
La institucionalidad como bandera
El cierre del discurso volvió a uno de los temas recurrentes del actual gobierno: las elecciones y renovaciones de autoridades en instituciones clave del Estado. Arévalo insistió en la necesidad de “recuperar la institucionalidad”, con referencias constantes al Ministerio Público, el sistema de justicia y otros órganos autónomos.
El mensaje fue presentado como una cruzada por la democracia, aunque para sectores críticos el énfasis permanente revela algo más que preocupación institucional: el interés por incidir y cooptar espacios de poder bajo la narrativa de la depuración y la reforma.









